Florencia

Florencia

Llegamos a Florencia cuando el Sol se ponía, después de media jornada en Pisa. Como íbamos en coche y era tarde para ir a visitar la ciudad a pie, decidimos ir al mirador de Piazzale Michelangelo antes de ir al hotel y de esta manera, aprovechar el poco tiempo que nos quedaba ese día para ver la ciudad desde lo alto. El mirador está un poco a las afueras, pero si hay ocasión vale la pena ir; las vistas de Florencia son realmente bonitas, y se puede ver los principales monumentos de la ciudad y el famoso Ponte Vecchio.

Seguimos hacia el hotel donde nos alojaríamos las dos siguiente noches, el Hotel Villa Betania***. Elegimos este hotel porque tenía buena puntuación en Internet y porque necesitábamos aparcamiento para el coche (5€ por noche). Nos quedamos muy satisfechos, por la habitación, grande y muy bonita, por el servicio y en general, por una buena relación calidad-precio. Además, el hotel, aunque no está céntrico, está bien comunicado: tiene la parada del bus n. 11 justo delante del hotel para ir al centro en unos 10-15 minutos (hasta Piazza Frescobaldi). No obstante, nunca usamos el transporte público, ya que también andando se tarda unos 20 minutos hasta el centro, bajando por Viale del Poggio Romano hacia la Porta Romana, donde ya empieza el centro histórico.

Nos quedamos en Florencia sólo dos días, así que intentamos organizar las visitas de manera que pudiéramos ver lo máximo posible en ese poco tiempo.

Para el primer día, reservamos en Internet el billete único (15€ por persona) para la Catedral de Santa Maria del Fiore, la Cúpula de Brunelleschi, el Campanario de Giotto y el Baptisterio. Es recomendable reservar por Internet ya que vimos que sin reserva previa no es posible acceder a la Cúpula y así, también se evita tener que hacer cola.

Aún así, tuvimos mala suerte porque estaban en obras y parte del recorrido para subir y bajar a la Cúpula de Brunelleschi estaba cerrado, así que, a pesar de tener horario reservado tuvimos que hacer casi dos horas de cola para poder entrar. La organización de la visita nos pareció lamentable, ya que se mezclan personas que reservaron hora después de ti, o que reservaron el día mismo y sin hora y la seguridad del lugar es mínima, si no ausente. De hecho tuvimos que esperar unos 15 minutos en las escaleras al interior de la subida hacia la cúpula, sin luz ni apenas ventanas, unas veinte personas, sin casi espacio. (No aconsejable si se sufre de claustrofobia).

De todas formas, a pesar de la mala organización, valió la pena esperar porque las pinturas de la cúpula son impresionantes y únicas, y se puede ver de cerca.

Subimos también hasta el tejado de la cúpula, por un camino muy empinado y poco seguro, pero las vistas desde arriba son preciosas.

Tras la cúpula, fuímos al Campanario de Giotto, bonito pero con muchísimas escaleras y con menor altura que la cúpula. Entramos en la catedral de Santa María del Fiore, al final de la cual se puede ver el interior de la cúpula del Brunelleschi desde abajo. También desde esta perspectiva es muy impresionante. Y por último, pasamos al Baptisterio de San Juan, otra cúpula completamente decorada, pero ésta de estilo más bizantino, con mucho oro por todos lados.

Vimos toda la zona monumental de la Piazza del Duomo más o menos en una mañana, ya que están todos en la misma zona.